20J: Cuando Europa deja de ser refugio

“Educados en la convicción de que la vida es el más alto bien y la muerte la mayor desgracia, nos hemos convertido en testigos y víctimas de un terror peor que el de la muerte —y sin haber sido capaces de descubrir un ideal más elevado que la vida” —. Hannah Arendt, “Nosotros, los refugiados”.
Cada año, desde 2001, el 20 de junio se celebra el Día Mundial de las Personas Refugiadas, fecha que conmemora el aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Este año coincide con la entrada en vigor del PEMA (Pacto Europeo de Migración y Asilo) y la reciente aprobación del Reglamento sobre el procedimiento fronterizo de retorno de la Unión Europea.
El PEMA y sus directivas han sido ampliamente criticadas por organizaciones sociales por su falta de ambición en materia de acogida e integración. Lejos de reforzar un enfoque humanitario, priorizan el control de las fronteras asociadas a una obsesión securitaria poco respetuosa con los derechos humanos. El objetivo es claro: impedir la llegada de personas migrantes mediante la externalización de fronteras y, en caso de que consigan acceder al territorio europeo, acelerar al máximo su devolución.
Para que este procedimiento tenga éxito, más allá de los acuerdos con los países de origen, que con frecuencia se muestran reticentes, nace el Reglamento de Retorno, última pieza, por ahora, del PEMA. Esta normativa permite trasladar a países situados fuera de la Unión Europea, principalmente ubicados en África y Asia a través de acuerdos con “terceros países seguros”, la gestión de las solicitudes de asilo, así como la devolución de las personas cuyas peticiones de asilo se hayan visto denegadas y de todas aquellas sobre las que recaiga una orden de expulsión. Todas estas personas podrán ser enviadas a centros de deportación (llamados eufemísticamente “hubs de retorno”) fuera de las fronteras de la UE, ubicados en países como Albania, Ruanda o Uganda.
Las protestas de centenares de ONG y los manifiestos publicados en toda Europa se han sucedido durante los últimos meses alertando de una clara regresión en materia de derechos humanos. Entre las críticas más reiteradas destaca el hecho de que las personas podrán ser deportadas a países que ni siquiera conocen y con los que no mantienen ningún vínculo. También podrán ser expulsadas familias con menores. Asimismo, desaparecen excepciones médicas y familiares que anteriormente podían frenar una expulsión, al tiempo que se eliminan importantes salvaguardias relacionadas con el principio de no devolución, el interés superior del menor y la protección de la vida familiar y privada.
Además, se amplían los plazos de detención hasta un máximo de treinta meses, con posibilidad de prórroga, y no existen mecanismos independientes de supervisión en los centros situados fuera de la UE. Todo ello aumenta el riesgo de que estas instalaciones se conviertan de facto en cárceles donde miles de migrantes, en la mayoría de los casos sin vínculos con el país receptor, queden atrapados en un limbo jurídico sin acceso efectivo a protección internacional ni a recursos legales. Las ONGs también advierten de que esta externalización se está llevando a cabo en países con graves vulneraciones de derechos fundamentales y que, por tanto, difícilmente pueden considerarse “países seguros”. Medidas que cada vez recuerdan más a los abusos asociados al ICE de Donald Trump en EEUU.
Sin embargo, ni la aplicación plena del PEMA a partir de junio del 2026 ni el Reglamento de Retorno les parecerá suficiente a numerosos países que están presionando para endurecer aún más las políticas migratorias. Así lo muestran las decisiones adoptadas por varios países (Austria, Alemania, Suecia y los Países Bajos) que han introducido restricciones a la reagrupación familiar de las personas refugiadas para evitar el crecimiento de la inmigración por esta vía.
A ello se suma la presión política de nueve Estados miembros (Dinamarca, Italia, Austria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa y Bélgica) que, en mayo de 2025, cuestionaron el papel del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por considerar que limita su capacidad de control migratorio. En paralelo, la Comisión Europea ha explorado incluso vías de colaboración con el régimen talibán afgano para facilitar deportaciones, una deriva que ilustra hasta qué punto se están desplazando los límites políticos y éticos.
Actualmente, las cifras de personas en situación irregular en la UE, de cruces ilegales y de solicitantes de asilo disminuyeron en 2025 respecto a años anteriores, y las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará durante 2026. En cambio, la cantidad de retornos ejecutados ha aumentado con respecto a 2024, hasta situarse en el 28%, con la clara intención de seguir incrementando esta cifra. El objetivo es seguir aumentado esta cifra.
La lectura que hace Bruselas de estos números es que esta evolución responde a la eficacia de la nueva arquitectura migratoria (PEMA). Por ello, resulta previsible que el camino elegido sea el de seguir endureciendo las políticas migratorias, en un contexto marcado por el auge de discursos xenófobos y racistas promovidos por la extrema derecha.
España no es ajena a esta realidad. Aunque el número de solicitudes de asilo continúa creciendo —con un aumento del 2,5% en 2024 hasta alcanzar las 167.366—, el país se sitúa muy por debajo de la media europea en reconocimiento de protección internacional: mientras la tasa media de reconocimiento en la UE alcanza el 46,6%, en España apenas llega al 18,5%. Detrás de estas cifras se encuentran miles de personas que buscan protección internacional y cuya posibilidad de reconstruir una vida segura depende en gran medida de las decisiones adoptadas por los Estados europeos.
Todo ello ocurre, además, en un contexto global marcado por conflictos armados, crisis humanitarias y el impacto creciente de la emergencia climática. A las guerras en Sudán, el Sahel, Ucrania o Asia Occidental se suma el implacable genocidio en Palestina, en un contexto que sigue forzando el desplazamiento de millones de personas. Conviene recordar que cerca del 70% de las personas refugiadas son acogidas en países vecinos a los de origen y solo una minoría llega a Europa.
Ante esta realidad, cabe preguntarse qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando nos volvemos indiferentes al sufrimiento ajeno. ¿Cómo participamos de estas tragedias cuando olvidamos las historias que escuchamos, las imágenes que vemos…? ¿Cómo nos ubicamos cuando somos incapaces de imaginar a la persona concreta, sus esperanzas, sus sueños y la angustia de sus familias?.
Con estas normativas, la UE normaliza los procesos por los cuales despojamos a los otros de la humanidad compartida y los convertimos en sujetos para los cuales no tenemos responsabilidad alguna y no nos sentimos interpelados por lo que les pueda pasar.
La respuesta de Europa ante esta realidad no puede consistir en seguir cerrándose y levantar murallas físicas, legales y morales. Debemos asumir las responsabilidades que se desprenden de la universalidad moral que proclamamos, proteger la dignidad humana y respetar la legislación internacional que decimos defender.
Área Andaluza de Migraciones de Acciónenred Andalucía
20J: 75 años después ¿Qué queda del derecho al asilo?

Cada 20 de junio se celebra el Día Mundial de las Personas Refugiadas, una fecha establecida en 2001 para conmemorar la firma de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, aprobada en Ginebra en 1951. 75 años después podemos constatar que la salud del derecho al asilo no pasa por su mejor momento.
La cifra de personas desplazadas forzosamente refleja una situación alarmante. En 2024, ACNUR estima que ya son 123,2 millones las personas desplazadas en el mundo. Y todo indica que la situación no mejorará en 2025: presenciamos el estallido de nuevos conflictos bélicos y la prolongación de muchos otros (56 conflictos armados en todo el mundo), ocupaciones territoriales, el avance de discursos antiinmigración en Europa y el endurecimiento de políticas migratorias en Estados Unidos, influido por el retorno de Donald Trump a la presidencia y su enfoque restrictivo en materia migratoria.
En este clima hostil, el Pacto Europeo de Migración y Asilo, aprobado en 2024, marca un preocupante retroceso. Para junio de 2026, todos los gobiernos de la Unión Europea tendrán que haberlo incorporado a su legislación. El objetivo principal del pacto es claro: blindar las fronteras exteriores para que nadie llegue, expulsar rápidamente a quienes logren llegar y frenar así la llamada “inmigración indeseada”.
De este modo, las garantías para los solicitantes de protección internacional quedan muy mermadas ya que no se respeta el principio sagrado de no devolución de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (artículo 33). Es decir, una persona refugiada no debería ser devuelta al país en el que su vida o su libertad corren grave peligro. Asimismo, se aplica a los refugiados un nuevo paradigma, el de la “migración gestionada”, que es el que se emplea habitualmente para aquellos que migran con fines laborales. El concepto se basa en la premisa de que es posible prever, planificar y organizar los movimientos migratorios forzados y que, por tanto, pueden evitarse.
También España tendrá que reformar su Ley de Asilo (2009) para adaptarla al Pacto de Inmigración y Asilo. La gran pregunta es: ¿Cuánto margen tiene España para resistirse a estas políticas que vulneran el Convenio de Ginebra?. En este sentido, se puede decir que la nueva ley de asilo marcará un antes y un después para los derechos humanos en España.
En 2024, 167.366 personas solicitaron asilo en España (según CEAR). A pesar de esta cifra, la tasa de reconocimiento fue muy baja: un 18,5%, frente al 40% de la media europea. Aunque la mayoría de solicitantes proceden de América Latina, destaca el aumento del 700% de solicitudes desde Malí (10.673 personas en 2024).
La situación se ha complicado con la entrada en vigor, el 20 de mayo, del nuevo Reglamento de Extranjería, que va afectar negativamente a miles de solicitantes de asilo que, en caso de respuesta negativa, les va a penalizar de manera clara y cruel, pues los dejará en situación de irregularidad.
Ante este panorama, las esperanzas están puestas en la revitalización por parte del gobierno de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para la regularización de personas migrantes, que esperemos tenga éxito. Para que esta prospere, la presión y la movilización de la sociedad civil será clave.
20J23 Espacios de Refugio por la Diversidad

"Uno de los mayores portentos del ser humano es el reconocimiento de la diversidad como rasgo irrenunciable, así como el desarrollo de mecanismos y dispositivos para defender esta diversidad y su progreso en aras de alcanzar la felicidad y la convivencia entre los habitantes de nuestro planeta." Con esta reflexión impulsamos nuestra campaña "Espacios de Refugio por la Diversidad", acercándo la realidad en la que se encuentran muchas personas LGTBI que se ven obligadas a huir de sus lugares de origen ya que sufren graves consecuencias por el simple hecho de ser quienes son y sentir lo que sienten.
Ese año, hemos realizado sesiones de sensibilización en institutos de educación secundaria que han sido dinamizadas por voluntarias del área de migraciones de nuestra organización. En el IES Azahar, en Sevilla, hemos intervenido con 42 chicos y chicas de 3º de la ESO. En el IES La Granja, en Jerez de la Frontera, han participado 22 alumnos y alumnas de 1º de bachillerato. Además, hemos realizado la sesión formativa en nuestro Espacio Educativo Intercultural de Granada en el que han participado 10 jóvenes y 7 personas voluntarias.
Por otro lado, hemos tenido el placer de compartir esta propuesta en actividades públicas. En Sevilla, hemos compartido la campaña en un acto que hemos realizado en colaboración con el equipo de feminismo con motivo del Día del Orgullo (28 de junio). En Granada, hemos participado en la iniciativa impulsada por la REDGRA con motivo del Día de las Personas Refugiadas (20 de junio) ubicando, en el campamento simulado que se proponía, una tienda de campaña centrada en la problemática de la población refugiada LGTBI.
De este modo, seguimos sumando "Espacios de Refugio por la Diversidad" a esta gran red que llevamos creando desde hace ya varios años en Andalucía.









Consulta todos los materiales socioeducativos de la campaña:



