28J Día del Orgullo con las personas trans

28-junio-2021

La semana pasada la dedicamos a las personas refugiadas #LGBTI y la situación a nivel mundial de este colectivo. Hoy, #DíadelOrgullo, queremos centrar la mirada en el colectivo trans. Es indispensable una ley que dé respuesta a personas trans y con identidad no binaria resolviendo problemas como son el cambio de nombre y documentación, así como otras necesidades, desde un enfoque despatologizador y respetuoso con los derechos humanos y con el interés superior del menor. Y deseamos que se lleve a cabo mediante un mayor y mejor debate social, menos polarizado y confrontado, donde se les dé voz a las personas trans.

Asimismo, para reducir los malestares que vivimos es necesario que rompamos los corsés de género y cuestionemos los estereotipos que nos impiden o nos dificultan expresarnos con libertad, estar a gusto con nuestros cuerpos y expresar nuestra identidad.

Os dejamos un breve vídeo de la intervención de Miquel Missé en nuestra Aula de Pensamiento Crítico donde de forma muy resumida habla sobre transexualidad y sobre la diversidad de género en la infancia desde lo que podríamos calificar como un enfoque alternativo a los discursos más esencialistas. Mil gracias, Miquel, por transmitir de forma tan clara una cuestión tan compleja y con tantas aristas.

https://www.youtube.com/watch?v=E5Agu2gKUY8

20J Espacios de refugio por la diversidad

20-junio-2021

Uno de los mayores portentos del ser humano es el reconocimiento de la diversidad como rasgo irrenunciable, así como el desarrollo de mecanismos y dispositivos para defender esta diversidad y su progreso en aras de alcanzar la felicidad y la convivencia entre los habitantes de nuestro planeta. Desde que nacemos desconocemos en qué lugar comenzará nuestra vida y a qué personas nos iremos vinculando. Tampoco tenemos respuestas que nos expliquen el porqué de nuestros deseos, ya sean estos proyectados hacia nosotros mismos o hacia los demás. Es en la intersección de estas circunstancias donde se encuentra la riqueza del ser humano, la diversidad.
Las personas LGTBI son una de sus manifestaciones más claras en la especie humana y, sin embargo, el respeto y garantía de esta diversidad no se da de la misma manera en nuestro mundo. A día de hoy, ser persona LGTBI en algunos países supone romper con los esquemas y estereotipos sociales de género predominantes a costa de sufrir graves consecuencias como la injuria, la persecución, la discriminación, la humillación, la privación de libertad e incluso la ejecución por pena de muerte.

Foto: KifKif

Resulta como la más natural de las respuestas que, ante estos hechos, las personas LGTBI inicien proyectos de huida en la búsqueda de asilo y refugio en aquellos lugares del mundo donde ya no solo se garantice su supervivencia, sino la protección de la irremplazable diversidad humana. En este sentido, España es el tercer país de la Unión Europea con más solicitudes de asilo por motivos de orientación sexual e identidad de género registradas en los últimos años. Nuestro país fue el tercero en el mundo en aprobar el matrimonio igualitario en 2005 y goza de cierta fama de ser un país abierto y tolerante con las personas LGTBI, siendo el noveno país europeo con mayor aceptación de estas realidades. Este contexto de mayor apertura socio-política y legal, que redunda en la salvaguarda de nuestra diversidad, podría ser una de las razones que explica el aumento de solicitudes de asilo de las personas LGTBI en nuestro país. 

No obstante, si es cierto que España parece estar preparada para una convivencia con personas LGTBI, no parece que ocurra lo mismo con su sistema de asilo a la hora de atender sus demandas, hecho que podría terminar subrayando su victimización y discriminación. Una de las cuestiones clave a la hora de examinar las solicitudes de asilo y refugio de las personas LGTBI tiene que ver con la construcción socio-jurídica de la idea de credibilidad: las declaraciones de los refugiados LGTBI deben ser “coherentes y verosímiles y no estar en contradicción con los hechos conocidos”. Sin embargo, al ser examinadas tanto la coherencia como la verosimilitud de sus relatos, se suele caer en un reduccionismo: entender a las personas refugiadas LGTBI bajo el arquetipo europeo, siendo muy diferentes sus realidades y circunstancias. En relación a la solícita coherencia, difícilmente sus relatos pueden serlo, ya que estas personas han sufrido la persecución, el miedo, la discriminación y el olvido provocado por el trauma de sus vivencias en el plano de las subjetividades. En sus discursos son comunes las contradicciones y la falta de confianza ante las autoridades, incapaces de expresar abiertamente lo que consideran tabúes motivados por la vergüenza y la culpabilidad en sus países de nacimiento. Además, sus relatos han de ser contrastados con informes de origen, hecho que no siempre es posible debido a la falta de pruebas documentales en los lugares de los que proceden que validen sus vivencias de persecución. En cuanto a la verosimilitud, su reconocimiento suele apelar al “sentido común” con un alto grado de subjetividad por parte de los países de refugio, corriendo el peligro de observar al solicitante de asilo desde una lógica eurocéntrica, sin tener en cuenta las situaciones y los procesos por los que las personas LGTBI han debido pasar: dobles vidas, matrimonios forzados, incluso la paternidad o maternidad para ocultar su sexualidad. Estos hechos menoscaban su credibilidad y los Estados a menudo rechazan las solicitudes de asilo bajo el supuesto de que pueden permanecer en el país de origen siempre y cuando sean “discretos”, lo que supone una clara vulneración de los derechos fundamentales, tal y como se recoge en un informe del CIDOB. 

Foto: Tomasevic Jakub Kwiecinski y David Mycek / Reuters

Otra deficiencia del sistema de asilo español es el tratamiento homogéneo que se hace del colectivo de refugiados LGTBI. Una clara prueba de ello es que las personas LBTI (lesbianas y mujeres bisexuales y transexuales) son menos propensas a la solicitud de asilo, siendo los hombres gais los que mayoritariamente lo piden. En este hecho influye la variable de género: según un informe de Naciones Unidas, las mujeres lesbianas, bisexuales o trans son víctimas de matrimonios forzados, de embarazos precoces y de violaciones conyugales. 

Por estos motivos, sus realidades se mantienen discretas, sin informes en los países de origen, actuando sobre ellas varios ejes de opresión (sexualidad y género, a los que se suelen sumar grupo étnico, casta o clase social y edad). Parece por tanto fundamental establecer paradigmas donde la interseccionalidad atienda estos múltiples ejes de desigualdad para analizar las diferentes experiencias de discriminación y persecución que sufren las personas solicitantes de asilo y, en concreto, las mujeres. 

Por otro lado, son muchos los retos a los que se enfrentan las personas refugiadas en los procedimientos de asilo en los países de destino. Aspectos como la vivienda, el empleo, la sanidad o el tratamiento que reciben por parte de las fuerzas de seguridad no siempre se adecuan a sus realidades y suponen serios obstáculos en las sociedades de acogida: sus características étnicas suponen en ocasiones un obstáculo a la hora de encontrar vivienda una vez cumplida la primera fase del programa estatal de acogida; las personas transexuales ven aún más limitadas unas ya escasas opciones de encontrar empleo, y en ocasiones la prostitución se presenta como una de las pocas salidas; las refugiadas lesbianas sufren episodios de discriminación por parte del sistema sanitario, bajo la presunción de su heterosexualidad; o el trato vejatorio del que son objeto por parte de las fuerzas de seguridad bajo la sospecha de que estas personas mienten en sus relatos.  Además, la intensidad de estos hechos variará según el entorno que habiten: no será lo mismo vivir en la ciudad (tradicional refugio de las personas LGTBI) que en el contexto rural. 

Por todo ello, desde acciónenred Andalucía queremos llamar al conjunto de la sociedad, su ciudadanía e instituciones, para que se garanticen mecanismos más eficaces en la protección, acompañamiento y acogida de las personas refugiadas en general, y en concreto de las personas refugiadas LGTBI. En este sentido, proponemos que desde nuestro ámbito de actuación creemos espacios de convivencia donde todas las personas en su diversidad puedan sentirse tan libres como seguras. Si somos capaces de aceptar la diversidad y establecer dispositivos para la convivencia en nuestro seno, no parece difícil que lo hagamos para las personas que más nos necesitan. Reconociendo y protegiendo la diversidad como la característica fundamental de la vida, no solo garantizamos el bienestar y el desarrollo de las personas refugiadas LGTBI, sino las del conjunto de la sociedad. 

Materiales de apoyo para el trabajo en el aula:

Vídeo de las iniciativas de sensibilización


17M. DÍA CONTRA LA LGBTIQA+FOBIA

SOMOS #MÁSQUEUNAETIQUETA

Mirar a la sociedad sin apreciar la diversidad y pluralidad que acoge en su seno es verla sólo en blanco y negro y negar que la realidad es arcoíris. Nuestras sociedades siempre han sido diversas en su composición y ahora más como fruto de la globalización y de los cambios en los medios de comunicación e información, en las formas de vida y también en las formas de vivir el amor, las sexualidades o las identidades de género.

               Poner nombres (homosexual, lesbiana, bisexual, asexual, trans, identidad no binaria…), sentir orgullo y no vergüenza de lo que se es, ha servido para mostrar una realidad rodeada de tabúes que permanecía oculta, reprimida y hasta castigada con cárcel y que sigue siendo hoy motivo de discriminación, desigualdad y violencia.

               Nuestro país tiene motivos para estar orgulloso. Hoy en día somos una sociedad abierta, de las más avanzadas del mundo en el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTIQA+. Ello no niega la existencia de límites, problemas y discriminaciones. Según datos del Ministerio del Interior, a lo largo de 2019, se registraron en España un total de 1.598 delitos de odio, lo que supone un 8,3 % más que en 2018, y ello sin contar todos aquellos casos que no son denunciados, que son la mayoría. Persisten los estereotipos acerca de lo que es o no es una persona LGBTIQA+, la discriminación en el empleo o en el trato e incluso algunas personas las siguen tratando como enfermas. Sigue pendiente una “ley trans” que dé respuesta a los problemas de cambios de nombre y a las necesidades de personas trans y con identidad no binaria desde un enfoque despatologizador y respetuoso con los derechos humanos y con el bien superior del menor. Es necesario un mayor y mejor debate social, menos polarizado y confrontado, donde se les dé voz a las personas trans, centrado en la búsqueda de las mejores respuestas, que ponga el énfasis en resolver los problemas a los que se enfrentan estas personas y, en particular, las que están en peor situación.

               Ponerle nombre a lo que pasa, “una etiqueta”, puede ser necesario para desvelar discriminaciones, pero las personas somos mucho más que una categoría. Es necesario distinguir entre las estructuras generadoras de desigualdad y la forma en que se expresan en cada persona. En la identidad de las personas inciden factores sociales (estatus económico, género, discapacidad, etnia o color de la piel, habitar en zona rural o urbana, edad…) e individuales (historia personal, estructura y relaciones familiares, características de la personalidad…) que nos construyen como personas. Mirar a los “otros-otras-otres” como seres homogéneos, con idénticas vidas, ideas, creencias o intereses es negar la realidad y contribuir a asentar las fronteras y estereotipos existentes. Todas las personas somos únicas e irrepetibles.

               Vivimos en épocas de incertidumbre (COVID-19 y riesgo de futuras pandemias, emergencia climática, incremento de la desigualdad, cambios en los medios de comunicación e información…) que están llevando a algunos grupos sociales a replegarse, prescindiendo del resto y dañando nuestra convivencia y la deliberación social. Existe también una mayor tendencia a concebir las identidades (sexuales, de género, nacionales, religiosas...) de forma esencial, homogénea, estática y delimitada por fronteras cerradas y rígidas que sirven de caldo de cultivo a la confrontación, la polarización y la exclusión de quienes no cuadran en esas etiquetas. Las reivindicaciones LGBTIQA+ son uno de los ejes de la confrontación política y social en muchos países.

               Necesitamos más puentes y menos fronteras, reforzar los valores que compartimos (igualdad, libertad, empatía, solidaridad, justicia social…) como cemento que nos cohesione. Construir una sociedad que atienda a la diversidad de orientaciones y expresiones de la identidad es un asunto que no sólo compete a las personas LGBTIQA+; acabar con los procesos de desigualdad y exclusión es una tarea ineludible en una sociedad democrática. No se trata de un asunto que sólo les afecte a ellas, sino que afecta a la calidad democrática de nuestra sociedad y nos habla de lo que somos, de cómo construimos la vida en común y del ensanchamiento de nuestros márgenes de libertad y de felicidad para todas las personas.

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